Danza y Movimiento Conciente
La propuesta es crear un espacio de autoconocimiento e investigación sobre nuestro cuerpo y movimiento, sobre la manera de relacionarnos con el espacio y el tiempo, y sobre la relación con los otros cuerpos en movimiento. A partir de estos ejes de exploración el movimiento libre acompañado de música y otros estímulos creativos, se convierte en danza.
¿Cómo lo hacemos?
Partimos de llevar la atención al cuerpo, concretamente a los recorridos del sistema nervioso central y periférico, que, como los afluentes de un río, transportan la energía que alimenta el movimiento. Despertar estos caminos en el cuerpo nos reconecta con la sabiduría profunda del organismo y con el movimiento como una capacidad innata que compartimos. Esto nos permite explorar nuestra propia manera de estar, de habitarnos, de mover.
En cada sesión, sugerimos una manera diferente de entrar en la danza, de forma abierta, dejando espacio a lo propio y a la exploración.
¿Qué nos aporta?
Esta propuesta de danza y movimiento nos permite tomar conciencia del cuerpo, liberar tensiones y bloqueos, y despertar zonas de fuerza que necesitan activarse. Favorece también, el enraizamiento en el cuerpo y amplía nuestro registro corporal, sensible y de movimiento.
Encontrar nuevos caminos para el movimiento pone en marcha la creatividad, nos permite alumbrar lo nuevo, nuevas preguntas, nuevas conexiones y enriquece la vida cotidiana.
La danza y la música, como un recurso ancestral comunitario, son mediadoras de nuestro universo simbólico, permiten emerger lo que va más allá de las palabras. Bailar juntas y juntos promueve la empatía y la conectividad, refuerza los vínculos entre las personas y genera sentido de pertenencia.
Trabajaremos a partir de la conciencia del sistema nervioso para investigar nuestras posibilidades de movimiento y la relación con el espacio. Este trabajo corporal permite reorganizar la estructura corporal para movernos desde la totalidad. Aporta presencia, flexibilidad, potencia y libertad al movimiento.
Crédito de fotografía: Magdalena Puigserver